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Halina Olomucki
(1919- )


BiografíaObras

Halina Olomucki nació en Varsovia el 24 de noviembre de 1919. Su padre, Andrzej Olszewski, distribuidor de diarios, murió cuando la niña tenía cinco años. La madre, Margarita-Hadassa, que había sido la asistente de su marido, tuvo que mantener de ahí en más a Halina y a su hermano mayor, Mono, nacido en 1909.

La familia de Halina era judía pero no religiosa. Asistió a una escuela primaria de Varsovia en la que se hablaba idisch y luego a un Gymnasium (escuela secundaria). A temprana edad demostró talento artístico y sus primeros recuerdos son de ella misma dibujando:

    Yo dibujaba y dibujaba, ésta es mi vida. Sé muy poco acerca de otras cosas que no sean la pintura. La amo.

Olomucki tenía 18 años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y fue enviada a la zona oriental del gueto de Varsovia, donde también comenzó a dibujar y pintar inmediatamente.

Relata la gran fuerza que le daba la creación artística, al punto de no poder controlarla --era una necesidad que no podía superar:

    Por supuesto, no había pinturas ni colores, pero siempre un lápiz y siempre un trozo de papel en algún lado. Mi trabajo principal consistía en observar, yo siempre fui buena para observar.

    Necesito señalar [...] lo más importante. Mi observación, mi necesidad de observar lo que ocurría, era más fuerte que mi cuerpo. Era una necesidad, una necesidad imperiosa. Era lo más importante. Nunca me pregunté racionalmente qué estaba haciendo, pero tenía esta increíble necesidad de dibujar, de escribir lo que estaba pasando. Estaba en iguales condiciones que la gente que me rodeaba, los veía cercanos a la muerte, pero nunca pensé que yo estaba por morir. Yo estaba en el aire. Estaba fuera de mi existencia. Mi trabajo sencillamente consistía en escribir, en describir con mis dibujos lo que estaba sucediendo.

La situación en el gueto era muy difícil. Olomucki trabajaba fuera del gueto y conseguía alimentos para su familia, que ingresaba clandestinamente. Pero su objetivo principal era pintar. Estando fuera del gueto, entre gentiles, se encontró con un hombre al que le entregó sus dibujos - "Este fue un momento muy especial para mí", dijo, "y fue lo que salvó algunos de mis dibujos."

Del gueto de Varsovia Olomucki fue deportada a Majdanek, donde la separaron de su madre, que fue enviada a la muerte. Después de algunas otras "selecciones", éste era el destino que ya le esperaba a Olomucki. Pero gracias a una confusión momentánea que desvió la atención de los guardias, logró escaparse de la fila y unirse a otro grupo de mujeres que llevaban baldes de agua y comida. A pesar de su extrema delgadez, logró acarrear un balde de agua y aparentar que pertenecía a ese grupo.

En el campo, Olomucki estaba tan agotada que sólo podía estar acostada, pensando en la muerte. El jefe del bloque entró y preguntó si alguien sabía pintar y ella se ofreció. Le comisionaron que pintara slogans en los muros. Su labor satisfizo al jefe y recibió en pago café y varias rebanadas de pan. Después le indicaron que decorara las paredes del bloque y realizó pinturas coloridas y complejas que le valieron el elogio de la administración del campo.

Olomucki logró poner a resguardo algunos de los materiales artísticos que recibía y comenzó a pintar en secreto sus propios trabajos, basados, como siempre, es sus cuidadosas observaciones. En estos trabajos retrató a las mujeres, prisioneras al igual que ella, y ocultaba sus trabajos en tantos lugares como podía encontrar.

Gracias a la comida extra que recibió por su trabajo "reclutado" recuperó fuerzas. De hecho, estaba más fuerte que el año anterior, cuando era sólo piel y huesos.

Un tiempo después, Olomucki fue enviada a Auschwitz-Birkenau como prisionera con el número 48652. Algunos de los prisioneros del campo trabajaban en la industria textil, pero Olomucki no tenía talento para ello y le ordenaron que continuara pintando. La enviaron a los alemanes, que le encargaron diversas obras. En pago recibía alimentos más sustanciosos --pan y queso-- y ella cree que eso le permitió sobrevivir. Las prisioneras también le pedían, a veces hasta le rogaban, que las retratara, o que retratara a sus hijas, con la idea de que ésta podría ser la última oportunidad de ser recordadas. Estaban seguras de que, a diferencia de ellas, Olomucki sobreviviría, ya que ella era artista. Le pidieron a Olomucki que sacara del campo las obras de arte escondidas y las llevara al "mundo exterior" después de su liberación. Ha dicho que las caras de las prisioneras estaban tan profundamente grabadas en su memoria que podía dibujarlas aún años después.

    Si alguna vez hago una muestra, siempre exhibiré algunas pinturas, algunos retratos de estas mujeres [...] porque éste es el compromiso que he asumido, que siempre las hijas de esas mujeres estarán allá, como me lo pidieron cuando estábamos en Birkenau.

De Auschwitz fue forzada a la Marcha de la Muerte, que comenzó el 18 de enero de 1945. El grupo llegó al campo de Ravensbrück y de allí Olomucki fue transferida al campo de Neustadt, de donde la liberaron los aliados.

La madre y el hermano de Olomucki perecieron en el Holocausto. Ella regresó a Varsovia después de la guerra y se casó con el arquitecto Boleslan Olomucki. Más tarde se trasladó a Lodz y estudió arte en la academia de la ciudad. En 1957 emigró a Francia y se radicó en Paris. De allí, en 1972, viajó a Israel y se estableció en Holon. Olomucki ha seguido pintando toda la vida, y durante la década de los años 60 realizó muchas exposiciones en París y Londres. Actualmente vive en Ashkelon, Israel.

Inmediatemente después de la guerra, entre 1945 y 1947, Olomucki dibujó sus recuerdos de ese período, consciente de que, además de su mérito artístico, las obras tenían un importante valor testimonial.

Olomucki donó sus obras del período del Holocausto y de los dos años siguientes a la colección de arte del Beit Lohamei Haghetaot (Museo de los Combatientes del Gueto). Otros trabajos figuran en la colección del Yad Vashem de Jerusalén, y en colecciones de otros países, incluso en el Musée d'histoire contemporaine y en el Museo de Auschwitz.


(Dra. Pnina Rosenberg)

Foto: Fenster


Bibliografía

Testimonio de Halina Olomucki.

Janet Blater y Sybil Milton. Art of the Holocaust.(Arte del Holocausto) Pan Books, Londres, 1982.

Mary S. Constanza. Living Witness: Art in the Concentration Camps and Ghettos. (Testigo Viviente: Arte en los campos de concentración y los guetos) The Free Press, New York, 1982.

Miriam Novitch, Spiritual Resistance: Art from Concentration Camps 1940-1945 - A selection of drawings and paintings from the collection of Kibbutz Lohamei Haghetaot. (Resistencia espiritual: Arte de los campos de concentración. 1940-1945 - Selección de los dibujos y pinturas de la colección del Kibbutz Lohamei Haghetaot) Union of American Hebrew Congregations, 1981.